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La Coctelera

Historia de la Histera (Parte I)

"Historia de la Histeria" es un compendio de textos, atemporales, sin línea definida ni gran literatura. No guardan relación unos con otros, tan solo los conecta el abajo (o arriba) firmante. No tienen remite ni intención secundaria. Son lo que son, sin interpretaciones a posteriori. Los textos fueron escritos (y aún a día de hoy) en lugares diferentes. Cada uno de ellos debe escucharse con una canción de fondo determinada que es, precisamente, la que se escuchaba mientras se escribían.

Escuchad aquí. (Una de las mejores baladas del Rock & Roll)

Historia de la Histeria (Parte I)

"Siempre has sido la que ha dirigido nuestra orquesta, nuestra pequeña gran sinfonía. Has marcado los tiempos, calculado cada milímetro de sentimiento que me rodeaba y disfrutado cuando alguien dejaba un recado en mi puerta. Tú eres la que sueñas y la que te permites el lujo de rememorar momentos tan cretinos como bellos. Te gusta ironizar cuando todo el mundo busca su punto de equilibrio. Por escribirte en la mano lo que no debías, me has callado la boca más de una vez. Sigues tu guión como si fueras el mejor de los actores de una tragedia griega. Nunca te sales. Nunca me escuchas. Siempre te adelantas. Eres la sonrisa después del llanto. Buscas la sencillez de la vida y, en realidad, te desbordas cuando todo te sale como pensaste que saldría. Te gusta ir sin frenos pero nunca te pasas de frenada. Si algo me gusta de ti es que si te marchas es para no volver jamás. Eres mi decisión final. Conoces tu juego y corres más que tu destino. Pero, ¿sabes una cosa?: Por mucho que pienses que algún día vendrán a llamar a mi puerta, nadie me va a llenar tanto como me lleno yo a mi mismo.

Le dijo mi corazón a mi estúpida cabeza…(tres minutos antes de suicidarse)"

Feliz día de la Hispanidad

Aunque no se sabe con la estúpida exactitud que procura -entre otras-  la ciencia, Lucio Anneo Séneca (Séneca el Joven, 4 a.C - 65 d.C) nació en Córdoba. Supongo que si él hubiera vivido en el mundo plural y éticamente mercantil de hoy no habría celebrado el "Día de la Hispanidad" como aquellos que, por deferencia, tradición, curiosidad o convencimiento lo festejan.

En su eterna búsqueda por la felicidad, escribió en el capítulo II de su obra: "Rompí las amistades con muchos y por odio volví a las buenas relaciones (si de alguna manera pueden existir buenas relaciones entre los malos)"  así,  concluye con la teoría que más tarde desarrollarían existencialistas e imberbes disciplinados: "La multitud es un argumento irrefutable que prueba lo peor".

No confío, nunca, en exponerme a formar parte de un todo. El "todo", como consecuencia del propio acto, roba la identidad de "uno". El "Día de la Hispanidad" no es como la religión o la cultura. No puedes vivirla solo. No puedes encerrarte en el cuarto de baño y creer que estás disfrutando del día de la Hispanidad.

No me gustan las exaltaciones de unidad sin razón aparente (diré, que tampoco me gusta aunque existan razones para ello). Tengo amigos, como por ejemplo @ivanvks , que viven el día de una forma humana -no sintética- sin aditivos externos. Lo vive, lo siente y él mismo lo padece. No necesita que nada ni nadie le diga como sentirse y a qué desfiles debe asistir: es la sensación certera de una celebración de este tipo.

Podemos hacer un símil con el #15M. En Madrid, la semana más candente del movimiento, se vivió de una manera extraña. Existía una sensación de unidad que rompía los esquemas de la razón y la lógica. Pronto (tan solo tres días) se descubrió "el pastel": Gente que, en nombre del #15M, su reivindicación, revolución y asentamiento, asistían a formar parte para la posteridad con el "botellón" en la mano. La gente no quería ser el #15M, únicamente buscaba poder decir que había sido parte del movimiento y subir una foto a su red social favorita (para ellos aquella en la que se liga más y para ellas en la que una puede enseñar más escote en su foto principal). Esa gente quiso, de manera directa o indirecta, que el sentido de los #indignados se disolviera.

Lo mismo ocurrirá con días en los que se festeja el sentimiento de unidad que procura la Hispanidad: No creo en la gente que acude al desfile para enseñárselo a sus hijos por primera vez, comprándoles polos y camisetas con la bandera nacional bordada. No creo en la gente que te dice que tienes que celebrar el Día de la Hispanidad y a tu pregunta de ¿por qué? su respuesta es "porque...". No creo en manifestaciones de exaltados alienados, gente que desconoce el significado de la palabra "¡viva!" y/o "¡España!". No creo en la gente que se "apunta" sin saber aún a "que". Por no creer, añado, no creo ni en la tortilla de patatas.

Así que solo diré que aplaudo a aquellos que asisten a este tipo de eventos por motivos propios y fundamentados (los comparta o no) y vanaglorio, de igual manera, a los "locos". Ellos siempre tendrán algo por lo que callar.

http://www.youtube.com/watch?v=zDCPm-STX0U

Tendrías que aprender a pedir perdón

Hacía tiempo que quería escribir un artículo así. Sin tapujos ni medias verdades. Todo sangre y vísceras. Como el protagonista merece. Mientras escribo me enciendo un cigarro, cosa que seguro que no le hubiese gustado de haber estado aquí. Siempre he dicho que la vida es como una novela corta de Albert Camus. Un relato extraordinario sobre una estupidez trascendental. A demás, a todos nos han contado ya el final de esta obra. En la última página caben solo tres líneas y despues viene un punto y final. Sé que al protagonista le gustaría que relatara, de manera concisa, los grandes momentos que hemos vivido juntos y, por supuesto, los que vendrán. Pero, para continuar con mi anárquica postura, haré un examen de los detalles que hacen grande a un tipo tan pequeño.

No sabe de retórica ni grandes literatos. Su cultura musical pende del hilo del conocimiento y su trabajo es la sencillez de la dureza física y mental. La batalla como tal. La misma batalla en un campo de batalla. Sincero y poco hablador. Estupendo en su organigrama social. Conoce el significado de las "faltas de estilo" y el sordo grito de la incongruencia. De la misma manera, sin develar una mueca, castiga ambas por igual. Anfitrión de la lealtad y radicalmente ortodoxo en sus horarios. Él nunca llega tarde.

No cree en dioses de "tres al cuarto" ni dogmas de fe. Podría ser un filósofo empírico y aún no haberse dado cuenta. Si fuera uno de los Beatles (he pensado siempre) él sería George Harrison. Sin su guitarra, nada habría sido lo mismo.

Sé que le perturban las alegrías y las penas, como a cualquiera de nosotros pero, si algo debo vanagloriar, a él se le nota menos que a los demás. Lo he visto sufrir y no derramar una lágrima. Pero, aún así, no deja de ser un tipo vulnerable.

Lo conozco bien. En estos momentos, mientras lee riéndose este artículo, está esperando la vuelta de tuerca. El giro de las letras sobre el papel. "¿Dónde empezará la sincronía entre amistad y sinceridad?" Pues aquí, hermano.

Dada su capacidad de aprendizaje sin barreras, es una persona tremendamente influenciable. Al defender ·lo suyo· (como propio) no tiene límite vanalidad para contra-atacar una idea. Es posible que no sea suya, o que incluso pasado mañana recapacite y no lo piense, pero en "este momento" y en "este instante" lucha por salvaguardar su establo. Ya he dicho que nunca llega tarde.

Hay cosas que jamás entenderá sobre este texto pero debo decir, en mi defensa, que son las cosas que precisamente nunca quiero que entienda. Si algo he aprendido de él es que la vida es para ser vivida y la razón, al final, es para los tontos del culo.

Evidentemente, este texto tendría que terminar con una canción que lleva sonando en su coche desde el día que la escuchó por primera vez.

Gracias por todo. Por lo que sabes y por lo que desconoces.

Gracias, Iván.

Por ser quien eres...

Hola. Buenos días. Soy yo. Tu "yo" más profundo. No soy tu subconsciente ni tu alter-ego. De haberlo sido me llamaría "Súper Edipo" y nunca me gustó ese nombre. Tampoco aparezco en tus sueños y ni siquiera rondo por tus recuerdos. No soy la voz en off de tus pensamientos ni tus ideas -macabras o responsables-. Por supuesto, tampoco soy a quien recurres cuando algo te eleva a los altares o te bajas a los infiernos. No eximo mis pecados bajo tus cinco sentidos ni me redimo bajo el poder de la absoluta razón. Ni pienso libre, ni hablo claro ni escucho atentamente. Cuando tú llegaste yo ya estaba aquí pero tampoco siento que me hayas quitado el sitio. No creo en condiciones sinecuanum como el amor, el odio, el rencor o el tedio. Sobrevivo a base de indiferencia y eterna fatiga psíquica. No duermo ni descanso. No lloro y mucho menos planifico tus horarios. Soy aquel que sabe tus secretos mejores guardados y los utilizo, a mi antojo, dependiendo de tu estado de ánimo. A veces mal y en ocasiones, fatal. Sé, por ejemplo, que vives en un continuo estado de alerta desde que viste el "Show de Truman" o que te cuesta contener las lágrimas cuando escuchas la canción "Hey, Jude" de los Beatles porque te recuerda a cuando tenías tan solo 8 años. Conozco tus facetas como actor, provocador y estúpido irónico así como el simbolismo de tu barba de tres días, esa que te rascas suavemente cuando estás nervioso. Soy el autor de la frase: "Soy quien soy porque alguien debía serlo" que tú te adjudicaste sin mirar atrás. Yo cuido al niño que hay detrás del hombre. Ese niño que no dejas que salga nunca. Es cierto, si nos detenemos un segundo en este tema, que me llegaste a engañar. Pensé que nunca permitías salir ese niño por el quedirán pero, en los últimos tiempos, me he dado cuenta que jamás lo vuelves a mirar porque te has olvidado de el por completo. Tu memoria está vacía en este sentido. Renegaste en su día a no volver a jugar y ahora eres un hombre con juguetes rotos. Pero no todo es malo y horroroso. Sé que estás enamorado de la persona correcta. Al mismo tiempo sé, por saberlo meramente, que te costó aceptar que alguien podía romper las barreras y ahora, pasado casi un año te sientes cómodo dejando que invadan tu espacio. No crees en el amor eterno ni en las amistades de por vida. Sabes que lo que dura, "dura" y lo que debe irse merece marcharse. Has luchado por mantener lo que tienes porque es precisamente lo que nunca te hace daño. Luchas cada día porque todo continúe como está y, sin estar en tu lugar, pretendes que nada cambie. Confías tu vida a una persona especial, como si permitieras que pudiese leer tu diario. Tus amigos, como rezas alguna noche, van y vienen al compás del tiempo pero sabes quienes están (aunque haga meses que no lo ves) y quienes no están aunque les veas más a menudo. Los que están, lo saben y los que no, esperas que lo sepan.

No voy a alargar mucho más mi intervención. Recapacita, vive, respira y acuéstate más pronto de lo habitual porque ambos sabemos que te hace falta. Alargar la noche no hace que el día sea más intenso.

Se despide atentamente,
Tu "yo". Tu "yo" más profundo.

In my life, The Beatles

Seis

"Hoy quería escribir algo diferente,
y busqué en la igualdad, la diferencia.
Pensé hacer diferente lo que para nosotros es lo mismo
y soñé, de igual manera, que lo mismo es de por si diferente.
Al final, al ver que solo escribía lo mismo
y que daba igual si parecía diferente,
comprendí que no buscaba la diferencia,
si no seguir contigo, jugando a lo mismo,
y a cada instante diferente"

Madrid, 6 de mayo de 2011.

Tus lágrimas. Mi sangre.

Jugaban a ser dos perros amaestrados desconociendo, todavía, que la naturaleza era caprichosa y no fue la casualidad - ni siquiera la causalidad- quien les adentró entre las sábanas de su cama. No había silencio ni fugas. En el hilo músical de la cuarta planta del hotel sonaba, acariciando los oídos, una balada de Band of Horses. En el minuto 01:33 los dos cuerpos, casi desnudos, dejaron los límites de la física aparcados en la alfombra roja. Los besos sabían a carmin y horas de espera. Aquellas miradas, entre fúnebres y pálidas, eran los guiones de una película en ocho milímetros. "Tu corazón -dijo al oido- late tan rápido que podría confundirlo con la batería de Ringo Starr". Los colgantes que adornaban el cuello de cada uno luchaban por desenredarse en su pecho. El sudor y el incienso hicieron el resto.

Al despedirse en aquel pasillo sin adornos ni luces con encanto, ella le regaló una sonrisa que recogía las tres lágrimas que se habían acomodado, seis segundos antes, en sus mejillas. Él, taciturno como siempre y con esa falta de humildad que desfiguraba su sombra, dijo un adiós solemne.

Al llegar al ascensor, se miró en el espejo: "Un hombre con suerte ¿dices?. La suerte la reinventé yo mismo, amigo". Se cerraron las puertas y comenzó a llorar. Fue un impulso que duró un segundo. ¡Tus lágrimas! - gritó.

Ella, al cerrar la puerta de la habitación se recostó en el suelo y sin perder la sonrisa susurró: Mi sangre...

http://www.youtube.com/watch?v=pjpxAYTXgMw

El día de los caballos salvajes

Volvió a fumar. "Lo sé. -decía- Moriré de sobredosis de egoísmo y mala praxis." Olvidaba, por momentos, aquellos tiempos pasados en los que prometía que algún día caminaría libre, como los caballos salvajes de los documentales de La 2. Había borrado tantas veces su legado que no lograba distinguir sus palabras en el papel. Su corazón - como no podría haber sido de otra forma- era un libro de visitas con pocas firmas y aún menos dedicatorias. Repasaba, uno a uno, los planes de su lista de boda que jamás se celebró.

En el espejo del cuarto de baño había escrito un pequeño poema con el huérfano carmín que algún día [ella] utilizó:

"Siento ·sentirme· como John Lennon,
sin paraíso ni estratosfera,
sin meta plausible que alcance mi escalera
mientras que espero, en cada gota de sangre
la historia de una muerte imperecedera".

Se giró y saltó sin remordimiento. Sin estupor ni condena. No había estrofas largas. No existían ya grandes acordes de guitarra. En aquel salón desierto solo quedaba un reloj, detenido por el paso de las horas.

http://www.youtube.com/watch?v=EFpbJQ_roKI