Volvió a fumar. "Lo sé. -decía- Moriré de sobredosis de egoísmo y mala praxis." Olvidaba, por momentos, aquellos tiempos pasados en los que prometía que algún día caminaría libre, como los caballos salvajes de los documentales de La 2. Había borrado tantas veces su legado que no lograba distinguir sus palabras en el papel. Su corazón - como no podría haber sido de otra forma- era un libro de visitas con pocas firmas y aún menos dedicatorias. Repasaba, uno a uno, los planes de su lista de boda que jamás se celebró.

En el espejo del cuarto de baño había escrito un pequeño poema con el huérfano carmín que algún día [ella] utilizó:

"Siento ·sentirme· como John Lennon,
sin paraíso ni estratosfera,
sin meta plausible que alcance mi escalera
mientras que espero, en cada gota de sangre
la historia de una muerte imperecedera".

Se giró y saltó sin remordimiento. Sin estupor ni condena. No había estrofas largas. No existían ya grandes acordes de guitarra. En aquel salón desierto solo quedaba un reloj, detenido por el paso de las horas.

http://www.youtube.com/watch?v=EFpbJQ_roKI